LA TEORÍA DE GÉNERO EN LA PERSPECTIVA FENOMENOLÓGICA DEL CUERPO VIVIDO*

Célida Godina Herrera
Miembro del Seminario de Filsofía del SES, BUAP

 

Aunque la teoría de género se apoyó en el rico aporte de ciencias particulares que le permitieron obtener nuevas perspectivas para entender mejor las diferencias humanas, sin embargo, no logró todavía una aclaración de su base fenoménica, ni una fundamentación filosófica mediante el análisis de sus conceptos. Mi propósito fue avanzar en la fundamentación mediante esa aclaración y ese análisis, y para eso intenté comprender los estudios de género a la luz de la fenomenología de Maurice Merleau-Ponty, pues él, que había analizado la experiencia vivida descubriendo el sentido de la existencia encarnada en un cuerpo y reconociendo en éste último el lugar de la percepción y el punto de partida de un análisis esencial de la existencia,  había apelado a un método fenomenológico riguroso que pudo enfrentarse de manera crítica a la explicación científica externa que de los hechos biológicos, psicológicos y culturales ofrecían las ciencias. Sin negar lo que de construcción social tenga la existencia femenina, pero comprendiendo que esa existencia no se puede reducir a una mera construcción cultural, sostuve en este trabajo que la posición culturalista había descuidado la experiencia vivida del cuerpo femenino y que podía todavía hacerse una lectura más aguda de las diferencias culturales entre los géneros, de los significados del mundo y de la cultura vivida por las mujeres, a cuya interpretación sin duda había contribuido la teoría de género, si se la completaba a ésta prolongando los análisis en el campo de la experiencia vivida con la ayuda de un método fenomenológico. Concluí que mediante una domesticación que atribuye valor a los aspectos exteriores del cuerpo, la sociedad construye un rol para las mujeres que les impide tomar conciencia y vivir su propio cuerpo y frente a esta situación mi propuesta fue educar la mirada femenina para descubrir en la experiencia vivida los aspectos verdaderamente esenciales de la mujer. A continuación señalaré algunos de los aspectos más importantes de esta investigación.

            La teoría de género tiene una gran significación para analizar los problemas fuera del terreno biológico, y comprende la diferencia entre los géneros a partir del terreno simbólico. Pone en cuestión los postulados sobre el origen de la subordinación femenina, dando cuenta de los mecanismos de ésta, y permite delimitar con claridad y rigor cómo las diferencias entran en una dimensión de desigualdad, de juego de poderes y contrapoderes.

            Vemos que la delimitación de la esfera psicosocial mujeres/hombres no está determinada en dicha perspectiva genéticamente, ni se adquiere con rapidez o fácilmente; se construye progresivamente. La categoría de género resulta indispensable para desentrañar los significados de la cultura, para cuestionar códigos heredados, sean éticos, políticos o de cualquier otra índole. Insistiendo en la diferencia, la teoría de género nos ha ayudado a entender que las relaciones de género son una dimensión fundamental para la comprensión del cuerpo femenino como cuerpo vivido. Al hacer un análisis de los niveles psicológicos, culturales, económicos, políticos y particularmente filosóficos, la teoría de género ha señalado que las mujeres tienen una forma propia de vivir su cuerpo que es diferente a la de los hombres e ignorada por estos.

            En este marco conceptual abordo el problema del cuerpo y más específicamente del cuerpo vivido. La palabra “cuerpo” trae consigo, ineludiblemente, un mundo de significaciones, ya sean afectivas o valorativas, históricas o culturales. Sobre la percepción del cuerpo ha influido la religión, el arte y la cultura en general. La filosofía clásica se preocupó por el tema del cuerpo desde Platón y Aristóteles en una perspectiva dualista que pasó a través de Descartes y Spinoza hasta nuestros días. En el pensamiento contemporáneo, o más precisamente, en la filosofía de la existencia, se piensa el cuerpo no como una dualidad sino en el cuadro de la categoría heideggeriana ser-en-el-mundo, es decir, la estructura fundamental de la realidad humana.

            Ha sido Merleau-Ponty quien, en una perspectiva fenomenológica, va a hacer del cuerpo vivido un tema expreso de su reflexión. Dicho filósofo afirma que el cuerpo es el punto de referencia a través del cual se articula el mundo, en donde se ponen en juego toda la constelación de las relaciones subjetivas e intersubjetivas del ser humano en la sociedad. Desde esta perspectiva, el cuerpo es el campo primordial donde confluyen y se condicionan todas las experiencias, las situaciones vividas a través del cuerpo, el cual se nos va haciendo cada vez más personal.

            El primer capítulo de ésta investigación está divido en dos partes, en la primera parte del capítulo, analicé el feminismo, los estudios feministas; puntualicé que la teoría de género, como nueva manera de interpretación, vino a desarrollar una mirada más atenta de la condición femenina en la cultura patriarcal. Subrayé, también, la importancia de las categorías fenomenológicas tratadas por Simone de Beauvoir en El segundo sexo. Esta filósofa ha jugado un papel relevante en la reflexión sobre la situación de las mujeres.

            En la segunda parte de éste capítulo mostré que las ciencias humanas, aunque han enriquecido la comprensión del ser humano, sin embargo, no nos han proporcionado todavía una visión totalizadora del ente humano; nos hablan únicamente de una acción donde se combinan condiciones del tipo psicológico, social e histórico, sin explorar la subjetividad.

            Análisis de algunas afirmaciones de ciencias humanas como la Antropología, la Sociología y el Psicoanálisis para sacar a la luz los prejuicios que ellas encierran cuando se ocupan de las mujeres.

            Asimismo, intenté justificar el ensayo de considerar los estudios feministas con una mirada fenomenológica, recordando que la fenomenología puede darnos un sentido más total del ser humano porque responde a los aspectos más esenciales de la existencia.

            En el segundo capítulo traté el tema del cuerpo como problema filosófico. Haciendo una breve historia del concepto de cuerpo quise referirme a la confrontación de Merleau-Ponty con la posición del dualismo cuerpo-alma que dominaba la tradición. Traté de mostrar de qué manera el filósofo francés veía la fenomenología y precisar el significado de su crítica al trabajo realizado por las ciencias humanas; una crítica que buscó menos refutar que usar las explicaciones causales de la ciencia para comprender el sentido de una teoría y situarla de una manera justa dentro del panorama de las investigaciones sobre el ser humano.

            El gran interés de este filósofo para nuestro problema está en que él marca la diferencia entre pensar al cuerpo como objeto y pensar al cuerpo como cuerpo vivido. Merleau-Ponty habla del cuerpo vivido desde la perspectiva abierta por su concepción fundamental de la percepción. Es por ésta que se nos revela el cuerpo y por ello nos es imposible decir que únicamente estamos en el mundo; más bien tenemos que decir que el mundo está en nosotros. Esta perspectiva deja afuera la idea del cuerpo como objeto, como algo positivo, duro, indeformable y, por lo mismo, intemporal y extraño a la experiencia que de él tenemos.

             Merleau-Ponty escruta la infraestructura de la experiencia, el paso de la experiencia al mundo para nuevamente pasar del mundo a la experiencia, es decir, la cadena de percepciones que se interiorizan y se exteriorizan. La fenomenología del cuerpo a la que se apunta en este trabajo toma en consideración aspectos desarrollados por el filósofo tales como la percepción, la sensación y la asociación, el problema de la intersubjetividad, la sexualidad y el esquema corporal: la espacialidad, el cuerpo como expresión y la palabra, y concluye con la noción del cuerpo-carne.

            Finalmente, describí el fenómeno que ha servido de base para la construcción de la noción de género, aclaré por qué el género es una representación y un constructo de identidades y terminé bosquejando una teoría fenomenológica sobre la categoría de género, partiendo de la postura de Merleau-Ponty.

            Sobre esa base, y porque no basta señalar el carácter esencial del cuerpo vivido, sino que también es preciso mostrar que el cuerpo es el cuerpo de cada uno, de una mujer o de un hombre, en el tercero y último capítulo analicé la vivencia femenina del cuerpo, tratando de definir de una manera incipiente y general cómo vivimos nuestro cuerpo las mujeres y de qué manera influye la “educación” con una interpretación que nos lo presenta siempre como cuerpo exterior y nos impide de vivirlo como propio. Mostré que por la “educación” recibida en la sociedad muchas mujeres no llegamos a vivir nuestro cuerpo desde dentro. Nuestras vivencias, al ser interpretadas de manera enajenante, olvidan al cuerpo vivido por cada cual, e incluso, los derechos que tenemos sobre nuestro cuerpo, y simplemente llegamos a verlo de manera externa. Veo en la fenomenología un camino para recuperar nuestra experiencia original del cuerpo y de esa forma liberarnos de la “domesticación”, que nos fue infligida por la pseudoeducación recibida.

            Tomando como fundamento lo anterior, esbocé, desde un horizonte de sentido que tenga en cuenta el interés de las mujeres, los principios de una educación que se de por objetivo la apropiación, por parte de ellas, de su cuerpo como cuerpo vivido. Tal educación no debe olvidar las diferentes formas posibles: no sólo las diversas maneras en que en general viven su cuerpo las mujeres con respecto a los hombres, sino también, las diversas posibilidades de vivir ellas su propio cuerpo.


* Resumen de la tesis que la autora defendió en la UNAM, en marzo de 2001, para obtener el grado de Maestra en Filosofía.